miércoles, 3 de abril de 2013

¨El matrimonio no es ninguna ´marca registrada´ de la Iglesia Católica ni de ninguna otra confesión religiosa o grupo de fe¨ afirma el activista Ebén Díaz

A propósito del tema del matrimonio homosexual y sobre la recientemente aprobada ley del matrimonio igualitario en Uruguay y en otros países que cuentan con legislación similar, intentamos obtener la reacción del reconocido activista Ebén Díaz, sobre este tema en particular y estas fueron las respuestas que obtuvimos a nuestras preguntas:

Ebén, sabemos de tu trayectoria como defensor de Derechos Humanos, catedrático invitado que has sido en una universidad de Managua, comunicador, teólogo, coordinador de un proyecto de LGBTI que has tenido en una ONG nicaragüense, sos uno de los más reconocidos activistas de la comunidad LGBTI del país y fundador de varios grupos LGBT en Nicaragua, conocemos de tu activismo en algunas otras organizaciones de defensa de Derechos Humanos de LGBTI para las que has trabajado y para las que colaboras actualmente tales como All Out, la IRN e ILGA, entre otras y una de las voces más controverciales e influyentes dentro de la esfera LGBTI de tu país. ¿Podrías indicarnos qué opinión te merece el que se haya producido este logro en el vecino del sur y qué implicaciones tiene para la comunidad LGBTI internacional?

En mi opinión es un logro trascendental y sustantivo. Reviste particular importancia por el hecho de que continúan los países latinoamericanos - como segundo frente luego de los países de Europa del este - avanzando lentamente pero de manera firme en la reivindicación de los derechos humanos de la población LGBTI. Reitera la vanguardia a la que ahora se suma Uruguay (junto a Argentina) como el segundo país donde legalmente pasa a ser reivindicado el matrimonio como un derecho humano en todo su territorio. Implica un mensaje muy claro también para organizaciones de integración latinoamericana como la OEA, donde, a raíz de lo ocurrido en Uruguay se debe continuar ahora más que nunca haciendo incidencia para lograr cambios en los otros países a través del ejemplo del vecino del sur. Reitera una vez más el camino de la democracia como vía única para el diálogo y el continuar avanzando en la consecución de logros como estos. Nos motiva a los y las activistas y grupos de LGBTI del continente y de todo el planeta a continuar avanzando en nuestras demandas y luchas dado que nos recuerda los parangones y el horizonte hacia donde deberíamos continuar apuntando.

¿Que opinas de la posición de la Iglesia Católica cuyos prelados inmediatamente hicieron saber su opinión contraria al asunto que se discutía en el senado uruguayo? Me parece que en primer lugar, no solo la opinión de la Iglesia Católica sobra, sino cualquier otra opinión vertida por representantes de religiones o grupos de fe. La Iglesia Católica - y otras congéneres - ha sufrido un desgaste ético y moral increíble en los últimos años, producto de denuncia surgidas por violaciones y abusos contra menores realizados por curas y sacerdotes católicos contra niños y niñas inocentes en muchos países, entre ellos Irlanda del Norte, Italia, Estados Unidos, el Reino Unido y Nicaragua, por mecionar algunos, denuncias que le han valido un desprestigio enorme a esta Iglesia al encubrirlos. No es de extrañar que día a día pierden feligreses que ya no se tragan el discurso antiético e inmoral que predican y que practican. Las personas ya no creen en la autoridad de la Iglesia Católica y mucho menos para que les digan cómo deben vivir o qué deben de hacer pues no están a la altura para hacerlo o decirlo. En segundo lugar, las constituciones políticas de muchos de los países de América Latina establecen que los estados son laicos y en consecuencia, las iglesias y grupos o comunidades de fe deben mantenerse al margen de opinar sobre estos asuntos que al final no les competen ni en los que deben inmiscuirse. El matrimonio en sus distintas acepciones, no es ni ha sido nunca, marca registrada o comercial de la Iglesia Católica o de ninguna otra iglesia o confesión de fe. El matrimonio es un derecho civil consignado en la mayoría de códigos civiles de los países latinoamericanos y en consecuencia las iglesias o religiones no pueden negarnos el derecho que todos y todas tenemos a acceder al matrimonio porque no es propiedad de ninguna iglesia sino que es un derecho civil y en consecuencia un derecho humano.

¿En qué te basas Ebén para afirmar que el matrimonio no es propiedad de ninguna iglesia o confesión religiosa? Bueno, hay que volver un poco al pasado y revisar la historia. Si bien el concepto de matrimonio aparece más o menos referenciado en la Biblia y se tiene conocimiento que era una práctica más o menos común en la región de judea de hasta hace 3000 años atrás, no se tiene conocimiento de fuera una práctica común en otros pueblos de la época. No sabemos si el pueblo persa o las culturas griega, romama, egipcia o de los otros pueblos definidos como ´barbáricos´ de la antiguedad tenían prácticas definidas explícitamente como ´matrimoniales´. Tampoco conocemos que eso haya sido así entre los pueblos autóctonos de la amerindia. Ni los pueblos maya, ni aztecas o inca - por mencionar a los más extendidos y desarrollados - de nuestra América se sabe a ciencia cierta que tuviera esta práctica. En consecuencia, no podemos generalizar que fuera una práctica común y mucho menos que tenga una justificación de que fuera comunmente practicada pues se carece de evidencia que avale dicha teoría y hoy en día el concepto del matrimonio está ya muy desgastado y cae en el desuso - por no mencionar que por cuestiones de practicidad y conveniencia las nuevas generaciones prefieren no matrimoniarse -. Si bien la Iglesia Católica y otras hacen ciertas referencia a la práctica del matrimonio, no podemos decir que, en consecuencia, ese sea el común denominador y mucho menos que así se deba practicar. El matrimonio aparece reflejado en la legislación moderna internacional y bajo cánones que le identifican como un derecho civil y en consecuencia como un derecho humano y hacia eso es a lo que debemos apuntar. Basta ya de creernos la historia esa de que es ´marca registrada´ de las iglesias o las confesiones religiosas. Es algo totalmente absurdo porque los derechos humanos no pueden tener como base las prácticas religiosas de ciertos pueblos de la antiguedad cuyos contextos sociales eran muy limitados así como también lo fue su alcance territorial y conceptual. Hoy en día los conceptos han evolucionado para ser más inclusivos e incluyentes y con otras múltiples y variadas acepciones.

Fuente: Entrevista realizada al activista Ebén Díaz.

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