miércoles, 9 de febrero de 2011

De la vieja escuela y las enseñanzas que nos legaron


No podemos dejar de expresar nuestros comentarios sobre las cosas que escuchamos en el día a día porque no son sino el reflejo óptimo del ritmo y del pensamiento.

Nos resultó un profundo malestar y nos dejó una gran tristeza el escuchar el otro día a una persona de la diversidad sexual comentar que el movimiento de la diversidad sexual ¨no le debía absolutamente nada¨ a los movimientos, organizaciones y grupos de mujeres. Y esta persona agregó que: ¨Que nuestras luchas nos han costado solamente a nosotros y a nosotras y no entiendo por qué debemos dar crédito a las mujeres por nuestros logros¨.

Lamentablemente, es más que obvio que estas palabras fueron dichas al ¨peso de la lengua¨ y sin pleno conocimiento de lo que las luchas, el ideario político y las reivindicaciones de los derechos de las mujeres han significado para nosotros y nosotras como comunidad de la diversidad sexual, de las lecciones que aprendimos de parte de ellas y lo que eso ha significado para marcar y definir al movimiento de la diversidad sexual como tal, no solo en Nicaragua, sino a nivel latinoamericano y mundial. No denotan nada más que un profundo arraigo en el machismo y una práctica distorcionada de una adecuada masculinidad y lo único que hace es continuar negando la dignidad de las mujeres y sus aportes en la sociedad.

En primer lugar, es innegable que fueron las mujeres las que comenzaron sus luchas desde hace centurias por los derechos que siempre les fueron negados por el sistema social gobernado por el patriarcado y el machismo imperantes. El derecho al trabajo, a una remuneración digna y a poder votar. El derecho sobre sus propios cuerpos y el derecho a vivir digna y plenamente como mujeres. Todos estos y muchos otros más que se contaron entre los primeros que les fueron reivindicados ya desde mediados del siglo XIX. Paralelamente siguieron el derecho al aborto (en todas sus expresiones) y el derecho a ser postuladas y electas a cargos públicos.

Fueron las mujeres las que se atrevieron a salir a las calles a protestar mucho tiempo antes de que así lo hiciéramos los y las homosexuales.

En segundo lugar, fueron las mismas mujeres las que, no solo en Nicaragua, sino en otros países del mundo, comenzaron a ayudar, a hacer toma de consciencia y a apoyar en los procesos de empoderamiento que paulatina, pero tardíamente, empezamos a asumir los y las homosexuales a partir de la cuarta década del siglo XX (casi 100 años después que las mujeres lo hicieran). Su ejemplo y apoyo a estos procesos son los que han facilitado la construcción ideológica y política del movimiento LGBTI a nivel mundial.

No se puede negar tampoco que han sido las mujeres las abanderadas de los procesos de construcción teórica y práctica de género y de femenismo (entre las que se encuentran teóricas muy reconocidas) que han sido el fundamento de la teorización que la comunidad LGBTI ha emprendido posteriormente (teoría queer, feminismos y masculinidades alternativas, etc).

Atreverse a desconocer estas verdades, las enseñanzas que hemos recibido de las mujeres y el legado que quedó para nosotros y nosotras miembros de la diversidad sexual sería como atreverse a negar hoy en día que la tierra es redonda o que gira alrededor del sol: rayaría en la más absoluta falta de agradecimiento y de reconocimiento de lo que ha sido, es y será, la piedra angular de los espacios de enseñanza política y de empoderamiento del movimiento homosexual como tal. Rayaría en desconocernos a nosotros mismos y nosotras mismas como homosexuales que somos.

Por todo lo anterior, no debemos perder el horizonte y tampoco olvidar que la ¨vieja escuela¨ de las mujeres y de los movimientos feministas, es la escuela que nos ha marcado y nos ha formado como comunidad. Olvidar esto - o peor aún - negarlo, da al traste con nuestro propio activismo y nuestros procesos de formación y de autoafirmación pasados, presentes y futuros.

Fuente: Comunidad Homosexual de Nicaragua - CHN.

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