miércoles, 11 de agosto de 2010

Matrimonio homosexual en Nicaragua: apuesta apropiada?


Y a propósito del tema de los matrimonios gays en Costa Rica (que hasta un referendo nacional fracasado y poco exitoso les han querido montar en contra del tema a la población LGBTI de aquel vecino país) y en otros países de América Latina donde están causando revuelo este tipo de iniciativas (México, Uruguay y Paraguay), no podemos dejar de preguntarnos si esta apuesta es válida para nuestro contexto. Tratemos de ver qué podemos deducir de acuerdo a la coyuntura socio-política actual de Nicaragua.

No se puede negar que siendo este también un tema de justicia social y de derechos humanos, en algún momento, tarde o temprano, deberá estar en la palestra pública con todo y que existen hasta detractores/as del tema dentro de la comunidad LGBTI del país (en una actividad reciente y de manera pública, abierta y sincera, Samira Montiel, Procuradora especial para la Diversidad Sexual de Nicaragua ha manifestado su posición personal contraria a este derecho argumentando que ella no lo necesita).

Veamos qué nos dice el panorama actual:

1.- No se puede negar que el tema está en la palestra mundial contemporánea y que ha causado mucho revuelo en muchas “sociedades avanzadas” del mundo. De igual manera ha encontrado una oposición férrea en sectores tradicionalistas, conservadores, grupos religiosos, sectarios, fundamentalistas, ortodoxos y de defensa de la “familia tradicional” y del concepto del matrimonio vinculado exclusivamente a la unión heterosexual (hombre y mujer). Nicaragua no es la excepción: Una sociedad marcada tradicionalmente por conceptos socio-culturales patriarcales, machistas, sexistas, misóginos y con fuerte incidencia de la tradición mayoritariamente católica, apostólica y romana (léase y entiéndase: Iglesia Católica, con el coro de las Iglesias Evangélicas) que no está abierta a otras conceptualizaciones de género, identidad y preferencia sexual y/o identidad, expresión y/o preferencia de género distintas a las socialmente establecidas. Con ello difícilmente se podrá contar siquiera con la venia para poner el tema en la palestra pública.

2.- Una cosa es que el “gobierno del cambio” esté supuestamente priorizando el trabajo con la diversidad sexual (creemos que por conveniencia electoral inmediata) y les estén facilitando ciertos recursos y una aparente inclusión en la agenda pública (la cual parece muy condicionada todavía) y que haya cierta “aceptación” social y “tolerancia” para abordar el tema y salir públicamente en carnavales y ferias y otra cosa muy distinta es que los grupos y activistas de diversidad sexual lleguen siquiera a atreverse a presentar iniciativas de ley que favorezcan los intereses y reivindicaciones de los derechos de la población LGBTI del país. Ya no digamos a presentar en la agenda pública el matrimonio homosexual. No confundamos “sebo con manteca” reza un proverbio: Una cosa es la “cierta” tolerancia y “apertura” social que hay hacia el tema gay en general (expresado en discos, antros, áreas de “ligue” gay como metrocentro, plaza inter y galerías - que como si fuera poco continúan metiéndonos en “guetos” - ) y otra cosa muy distinta es que esta sociedad esté lista para ver a un par de hombres o a un par de mujeres bien fajados caminando en trajes de frac con todo y corbata, por la vía pública, rumbo a la Iglesia o al juzgado para ver al “juez de paz” que les brinde la correspondiente “bendición apostólica”, con el discurso ese de “los/as declaro fulano/a y fulano/a” y al final que les despida con el correspondiente “puede besar al novio/a” entre lluvias de flores, arroz y el tiraje del “bouquet” de bodas. Seamos honestos: Esta sociedad NO está preparada para eso todavía.

3.- En algunos sectores de la comunidad LGBTI del país, el tema del matrimonio homosexual pareciera ser prioritario, pero quizás esto obedezca al hecho de que dichos sectores todavía no tienen una idea de la magnitud del esfuerzo y de las grandes dimensiones que tomaría emprender una lucha como esta y tampoco se ha logrado articular una agenda común ni un ideario político común en cuanto a dicho tema. Emprender una campaña de tales dimensiones sin el apoyo total, absoluto o cuando menos mayoritario del sector, sería un error completo, resultaría en un desgaste total y agotador, fraccionaría mucho más al movimiento, lo desprestigiaría aún más y resultaría al final en un desánimo político y en el decaimiento del mismo. Además se debe pensar también en la cuestión (que todavía no se ha pensado) de los aliados/as estratégicos/as y políticos que se necesitan para emprender una apuesta como esta y mucho menos se ha pensado en los recursos económicos que se requiere para la misma (de dónde saldrán?), dado que emprender acciones legales (que serán inevitables en un berenjenal como este) resultan lentas, burocráticas, engorrosas y bastante caras (sobre todo en gastos legales, representaciones de abogados, etc.

4.- Por otro lado, con el solo hecho de aceptar hablar del tema “matrimonio“ seguimos cayendo en la trampa del heterosexismo que tanto hemos criticado dentro del movimiento y que tanto daño nos ha hecho. Entendemos bien que la felicidad entre dos personas que se aman (del mismo sexo o no) es la regla de oro acá, pero... qué hace tan especial al matrimonio (que ha estado siempre marcado por el estigma heterosexual) para que el movimiento ande de arriba abajo, gritando a los cuatro vientos y pregonando a diestra y siniestra que queremos emularlo? Por qué no buscamos nuestras propias apuestas y nuestros propios derroteros?

5.- Finalmente y para concluir, está el hecho de que las apuestas actuales deben estar definidas por las prioridades. El movimiento homosexual en el país sigue sin definir una agenda mínima. Qué será lo prioritario defender? El matrimonio homosexual o leyes de acceso a empleo, educación, salud, seguridad social, techo digno para la población LGBTI? Un trato social igualitario y equitativo que comience por reivindicaciones para todos/as o que nos vayamos por las nubes disparatando hacia el matrimonio homosexual cuando ni siquiera contamos con educación mínima garantizada, trabajos dignos o con salud básica para el sector homosexual? Qué es lo que priorizamos? Hacer un copy/paste“ de las agendas que se priorizan en otras sociedades solo porque eso hacen los y las demás o definir prioridades y defender una agenda que aterrice en nuestra propia realidad?

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